martes, 3 de mayo de 2011

La Leyenda del Cazador (Dedicada a los Cazadores de Confluencias)

Los primeros rayos de sol anuncian con su resplandor la llegada de un nuevo día. Los pájaros con alegre algarabía vuelan de cara al viento que con la dulzura de su fresco aliento otorga el consentimiento a la noche su retirada.

Del arroyo el agua clara canta y cuenta su valía,
invitando al Cazador a libar de su legado,
quien ansioso y entusiasmado,
varias horas antes hace que ha despertado.

El Cazador concentrado anuda con fuerza de hombre la trenza floja de su bota rota.
Asegura el puñal afilado en la funda ciega que a su pierna abraza.
Aferrados a su chaleco los instrumentos de caza.
Vieja gorra de cuero y lona a su cabeza arropa,
escudo de tela blanca que le sirve de coraza.

"Olor a lluvia y a monte mojado.
Fugitivo sereno del amanecer llanero
que lo limpia y lo lava con su frescura.
Azul infinito es el color del cielo
y verde profundo el de la llanura".

El Cazador apura el sorbo de café colado
y apaga la fogata con sus últimas gotas.
No olvida la cantimplora hermana, de la vida amiga
y embolsa la brújula con "Viento y Rosa" de Norte llena,
fiel compañera de sus aventuras.
¡El desafío ha comenzado!

Camina sin demora por el sendero ruin que la ruta apunta. Avanza altivo y con su puñal a las ramas secas asusta, dagas de palo que a su paso acechan, sin tregua atacan y sus intenciones no disimulan.

No conoce la zona pero sabe que va en la dirección correcta. En su andar ensimismado tiene la certeza, del que por las circunstancias obligado camina sobrio y sin mucha prisa a la guerra resignado. La emoción lo embarga pero no se precipita. Su paso es firme y decidido. Su instinto habla y sus reflejos aguzados las trampas del camino evita.

El sol aprieta.

El calor lo sofoca y el sudor llueve desde su frente tosca.
Delata sus pasos el crujir moribundo de las hojas secas,
mientras las bestias aseguran ver gente loca
caminando en silencio con un morral a cuestas.

Una roca impertinente su tobillo traba y su pecho, de repente, la tierra toca. El polvo su garganta seca. Los bichos y las alimañas a su desmayo apuestan.

"La Confluencia se defiende" … piensa.

Todavía falta la cuesta, el pequeño barranco y la pared de piedra.


"Obstinado en su empeño continúa sin dudar,
sudoroso y afanado llega a aquel lugar,
donde la vida inteligente
juega en una sola carta
la suerte que le depara
su destino singular".

Un rosal insolente cerca del cruce florece,
como marcando el punto de la contienda temprana,
coqueteándole al sol presumía su belleza,
abriendo mil pétalos de carmesí y grana,
enamorando al valle con el dulce perfume
de una novia desnuda por la mañana.

De pronto,

Siete rayos de sol atacan la pantalla del instrumento,
velo blanco en sus ojos por incontables momentos,
rabiosos reflejos de inusitada luminiscencia,
que obligan a repetir varias veces la experiencia.

Muñequeo”, “Muñequeo” es el nombre de la ciencia,
que como mágica vacuna al pulso de la refriega,
rauda a la cita acude y lo asiste con diligencia.

Una espina traidora del rosal que le rodea
hiere su brazo diestro en la maniobra.
La sangre brota y abona la tierra,
que con mezquina usura intereses cobra.

El tiempo se acaba. ¡La batería flaquea!

¡Ya casi! … ¡La hora se acerca!

El Norte "muerto e' risa" la invitación acepta,

los ceros se insinúan y la "Danza" comienza ...

Revisa y ajusta una vez más los aparejos,
son testigos mudos y perplejos del extraño baile las criaturas,
Un poco más a la izquierda … un paso atrás … dos a la derecha …
solo él escucha los compases de la música que seducen a sus piernas.

Los ceros comienzan a aparecer, lentamente, rindiéndose ante el ímpetu de su insistencia,
primero Latitud … después Longitud … uno a uno los ceros concuerdan,
como una especie de ruleta que por su andar con demora,
al Cazador embelesado martirizan y atormentan.

Los ceros se completan y el Cazador ingrávido siente que flota y en cámara lenta,
se eleva en una escena en la que "el tiempo no existe" y los sentimientos se mezclan.
¡Sus pies ... se separan de la tierra!
Un canto celestial lo abraza y lo besa
y con cada nota que suena una a una sus heridas cierran.

Borracho de júbilo en el sopor de la afrenta, en un desliz fatal y con desatino, agitando su puño que le gritaba al cielo, desafiante el Cazador al infinito comenta:

"¡Lo logré!" "¡La Confluencia ES MÍA!" "Era solo cuestión de paciencia"

Presagiando lo que a la postre sería su condena,
un silencio de miedo invade la escena,
el Cazador pesadamente cae a la tierra,
esgrimiendo inútilmente su puñal valeroso,
apuñalando al viento en un esfuerzo jocoso,
tratando de defenderse de lo que no comprendía,

las criaturas del monte en veloz estampida
corrían de espanto y se escondían.

El sol que otrora torturaba su cuello,
huye cobarde tras la negra nube que le niega con rabia la luz al cielo.
Un rayo asesino corta el firmamento
hiriendo de muerte al rosal que antes crecía
y un trueno ensordecedor rompe con viento
el extraño silencio que le precedía.

Una lluvia improbable de agua roja y granizo le sigue al estruendo que el trueno hizo, castigando con saña la cumbre de pasto en la que todos miraban lo que ocurría.

(Risa macabra que retumba con eco estremecedor y hace temblar la tierra)

(RUMBLE … RUMBLE … TEMBLOR … RISA … TEMBLOR … RUMBLE … RUMBLE)


(Habla el gigante invisible de la Confluencia con voz gutural y aterradora)


“Triste mortal que mi ira has despertado,

un dardo de oro en tu corazón he clavado,

Que me roba tu alma que antes dormía.

No comerás ni dormirás por tu osadía,

ni tendrás recuerdos de tiempo pasado,

vagarás por el mundo a mi encuentro anhelado,

Buscando y llorando tu alma perdida”



(Estruendo de rayo tronador que explota confundiéndose con la risa que parece que se aleja)


(RUMBLE … RUMBLE … TEMBLOR … RISA … TEMBLOR … RUMBLE … RUMBLE)

Tan rápido como oscurecen la nube y la lluvia desaparecen, mostrando el rostro impávido del sol que con ironía, mirando al Cazador se burlaba y se reía. “La Señora duerme, puedes irte” parece que decía.

Testigos de su suerte cuentan que lo han visto en bosques y llanuras,
acampando solo y sin compañía,
anudando con fuerza de hombre la trenza floja de su bota rota,
afilando el frío acero de su puñal desnudo
y revisando sus instrumentos con una furia que parece loca,

De tanto en tanto su mano izquierda su pecho toca,
como buscando la huella de su andar moribundo,
esquiva herida que a sus dedos escapa,
que no se ve pero que late profundo.

Y así vive el Cazador día tras día,
casi sin comer, casi sin dormir, como una sombra impía,
murmurando sin cesar su letanía,
anhelando y preparando … ¡Una nueva Cacería!.
 

Texto: Ramón Alemán
TEAM Valles del Tuy
01 de mayo de 2011

Fotos: Jorge López
TEAM Caracas
02 de abril de 2011


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