miércoles, 27 de julio de 2011

El Waraira Repano respira misterios

Algunos dirán "ver para creer", pero el cerro acumula anécdotas que rozan el límite de la explicación cotidiana

Dentro, muy dentro de la montaña, hay secretos. Algunos mitos o eventos inexplicables que rayan el límite del entendimiento humano. Se ha dicho que el cerro es un volcán inactivo, que en algún momento se va a partir en dos partes y que es un punto activo para avistamientos de objetos voladores no identificados (ovnis). El ancestral Waraira Repano tiene sus historias.

El volcán. Luego del deslave de Vargas en 1999, revivió la versión de que el cerro es un volcán inactivo que en ocasiones desprende columnas de humo o una especie de ceniza que se observa desde poblaciones en la costa, como Macuto y Tanaguarena. 

Pero los estudios geológicos descartaron esta hipótesis porque los volcanes se forman en zonas donde existe un choque de placas tectónicas, en las que una se mete por debajo de la otra. 

"En el caso venezolano no tenemos ninguna zona de subducción que explique que la placa del Caribe se esté metiendo por debajo de la placa de Suramérica", explica Jaime Lafaille, geofísico de la Universidad de Los Andes (ULA). 

Lafaille aclara que sí existe una enorme falla geológica en las faldas del Ávila, que corre hacia el Norte y atraviesa la montaña hasta el mar Caribe. 

"En los sitios donde entra en contacto el plano de la falla se encuentran rocas pulverizadas o rayadas, que se conocen como rocas cataclásticas, que son una especie de ceniza finísima, pero que no es volcánica. Tampoco es de extrañar que (en el Ávila) haya depósitos de carbón que cuando entran en contacto con la atmósfera hacen combustión espontánea y parecen ceniza", señala el geofísico. 

Imán particular. Una tarde del año 2001, cuatro personas descendían del Ávila por la zona de Maripérez y sintieron un peso a sus espaldas que los obligó a voltear al mismo tiempo. Observaron cómo un objeto salió de un costado de una montaña baja, cruzó el aire y se escondió tras una montaña más alta.

"Duró segundos, pero no hay duda de que vimos exactamente lo mismo. Nos quedamos callados, pero cuando reaccionamos nos dio miedo y hasta ganas de llorar. A partir de allí comencé una investigación seria y documentada de posibles avistamientos de ovnis en el Ávila", señala Héctor Escalante, periodista e investigador del fenómeno.

Lleva diez años dedicado a recopilar información de personas que aseguran haber visto un ovni y filtra con mucha rigurosidad los datos que recibe, "casi a diario me mandan aunque sea dos líneas de un posible avistamiento. Esto no necesariamente está relacionado con objetos tripulados por seres extraterrestres. La gente lo desestima y se burla por desconocimiento, pero mi trabajo se basa en evidencias", asegura Escalante.

En su experiencia encontró que el Ávila tiene características comunes con montañas de otros países donde se registran avistamientos: "es una zona con mucho bosque, es montañosa y con afluentes de agua. Pero además tiene la particularidad de estar entre la ciudad y el mar, lo que le da un magnetismo importante", afirma.

Escalante afirma que Venezuela tiene muchas "zonas calientes" y que Caracas, en especial el Ávila, es una de las zonas más activas. 

Aunque investiga muchos testimonios, Héctor prefiere los grupales para contrastar versiones. Además trabaja con un psicólogo que analiza la actitud y la manera cómo cuentan las historias. Revisan el historial de la persona y lo descartan si ha consumido drogas o tiene antecedentes de enfermedades psicológicas. 

"Me apoyo en institutos internacionales, incluso de astronomía, donde hacen el estudio gráfico de fotos o videos. Diferenciamos un efecto luminoso o natural, si es una partícula de polvo en el lente de la cámara que captó la imagen y el movimiento que puede generar un satélite, aviones o helicópteros", asegura.

Escalante estudia el fenómeno en una línea rigurosa de investigación: "Más que un asunto de creer, hay cosas que no podemos explicar, pero eso no quiere decir que no existan", sentencia.  

Leyendas de Montaña
Las siete mulas. En la época de la Colonia, un arriero fue contratado por los españoles para transportar oro. El hombre agarró siete mulas para la carga y cuando iba por Caraballeda fue asesinado por unos ladrones que escondieron el tesoro.  

Los habitantes cercanos aseguran que el oro aún puede seguir allí en alguna parte de la montaña.

La Virgen del Picacho. Se cuenta que en la gran piedra del Picacho se puede ver la imagen de la virgen tallada de forma natural y con el resplandor del sol se distingue el manto azul que la cubre. La leyenda dice que un cura de La Guaira mandó a cortar la piedra donde se ve la virgen para colocarla en su iglesia y la cubrió hasta que llegó el día de su ceremonia. Al quedar descubierta, la piedra estaba lisa sin ninguna figura, pero en el Picacho la imagen volvió a aparecer.

Gabriela Rojas / grojas@cadena-capriles.com 

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