domingo, 1 de marzo de 2015

Los aerosoles evitan la pérdida de agua dulce

Un reciente estudio, publicado en la revista científica Nature, ha concluido que la presencia de aerosoles en la atmósfera genera un aumento del caudal de los ríos, ya que evita la pérdida de agua por evaporación. Así se ha estimado en algunas de las cuencas más importantes de Europa, donde las reservas de agua dulce eran mayores cuando la atmósfera estaba más contaminada.

Rio Orinoco
Estas afirmaciones han sido realizadas por Nicola Gedney, del Servicio Meteorológico del Reino Unido, cuyo equipo ha analizado datos meteorológicos del siglo XX en Europa, Norteamérica y parte de Asia, en zonas donde la atmósfera tiene o ha tenido una importante presencia de partículas microscópicas, como los sulfatos procedentes de centrales térmicas, industrias y actividades agrarias.
Los resultados del estudio mostraron que, en la década de 1970, la insolación en el continente europeo era un 0,5% menor que a principios de siglo, debido a la presencia de los aerosoles y ya descontadas otras posibles causas de este descenso, como el cambio climático, la concentración de CO2 atmosférico o los cambios en la vegetación.
De esta manera, los principales ríos europeos como el Danubio, el Elba o el Óder presentaban un incremento del caudal entre el 11% y el 25%, respecto de los valores que se hubieran podido esperar según los modelos matemáticos. Dos décadas más tarde, cuando la calidad del aire en Europa mejoró de manera espectacular, las reservas de agua dulce en estas cuencas disminuyeron.

Río Orinoco
Sin embargo, esta teoría no es del todo exacta para algunos científicos, que entienden que el impacto de las partículas contaminantes en la atmósfera va más allá y afecta no solo a la evaporación del agua, sino también a las precipitaciones. Martin Wild, de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich, advierte de que los aerosoles pueden reducir tanto la evaporación que debiliten el ciclo del agua, de forma que se produzca un brusco descenso de las precipitaciones y llegue a existir déficit hídrico en las cuencas.
Por lo tanto, si bien queda demostrado que la presencia de aerosoles puede tener un efecto beneficioso en las reservas de agua dulce, la suma de todos los impactos de estas partículas microscópicas hace desaconsejable la idea de que la contaminación atmosférica es beneficiosa para las cuencas. El balance general es negativo, sobre todo si se tienen en cuenta las afecciones más allá del agua, la más grave en los seres humanos, donde estos contaminantes pueden llegar a penetrar hasta los pulmones e irritar las vías respiratorias.



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