lunes, 28 de agosto de 2017

Anécdotas y algunas reflexiones del caso Enmanuel y Kaína, perdidos en el Ávila (1ra parte)

Lo siguiente fue escrito por Maryorín Méndez, periodista y allegada a la familia de Enmanuel David Janzen, uno de los chicos que estuvo extraviado en el Parque Nacional el Ávila (Waraira Repano) entre el sábado 19 y el jueves 24 de agosto de 2017. Recomiendo su lectura para aclarar dudas, pero sobre todo, para callarle la boca a los opinadores de oficio que se dedicaron a tergiversar los hechos y mal poner a los chicos y a los rescatistas:


27 de agosto de 2017: Me permito escribir algunas líneas sobre esto porque me ha dejado un gran aprendizaje y mucho en qué pensar como madre, amiga y periodista. Desglosaré los temas en dos partes porque FB no da para tanto.

LA PERDIDA y la mentira: Es falso que ellos hayan ido en grupo. Planificaron ir los dos. Kaína nunca había subido, Enmanuel había hecho varias veces el recorrido hasta más arriba de Sabas Nieves II, donde usted y yo alguna vez nos hemos comido un heladito, le rezamos a la virgen y buceamos a los que hacen ejercicios.

Quisieron subir hasta NO TE APURES y comenzó a llover. Ellos preguntaron a una mujer si faltaba mucho para llegar y ella les dijo que si el plan era subir y bajar el mismo día mejor bajaran de una vez. Esta mujer resultó ser una montañista y su testimonio se tuvo al cuarto día de rastreo cuando se le acercó a un bombero a preguntar si ya los habían encontrado y al decirle que no se lamentó: “y pensar que yo los vi y hasta me preguntaron”.

Seguía lloviendo. Kaína llevaba un paraguas azul pero, créanme, en un aguacero de selva eso no sirve de mucho. Buscaron refugiarse y en un segundo se dieron cuenta que habían perdido el camino. Todo les parecía igual. Desesperado Enmanuel llamó al abuelo y le contó lo que pasó. El abuelo fue a Sabas Nieves (parte baja), le contó al guardapasques, lo llamó al celular y el experto le dijo algo que Enmanuel nunca pudo entender: “Quédate donde estás que te vamos a buscar”.

A la 1 de la tarde la mamá de Kaína llamó a sus amigas y ellas no sabían dónde estaba. Finalmente Kaína le respondió el teléfono para confesarle que había mentido. ¡Se armó la grande!. La niña haría lo que sea para encontrar un camino; eso lo supe el primer día que conocí a la madre. Ese rostro severo, esa estatura intimidante, esa robustez, unas cejas que comienzan en el lagrimal y terminan en la sien y el tono de voz que te ordena en vez de hablarte me recordaron a mi madre. ¡Obvio!, Kaína bajaría como sea. Sentía compasión por ella.

Esperaron un día entero, seguían caminando, luego otro día y así… Pensando que si el agua bajaba, pues ellos también llegarían abajo. Cayeron de rabo en dos oportunidades y esto les provocó las heridas de las que se recuperan ahora. Dormían abrazados, temblaban de frío y sentían hipotermia, no veían nada en los árboles que se pudiera comer, sólo tomaban agua, y mucha. Cuando les llegaba un rayo de sol se exponían para que se les secara la ropa. En las noches se orinaban encima para sentir calor.

En las caídas y resbalones perdieron celular, morral, paraguas, llaves de casa, cartera. Los días pasaron exactamente iguales, veían el Ávila como la más temible de las selvas. Cuando los encontraron, tenían el pantalón adherido al cuerpo entre barro y sangre, se lo pudieron despegar en el hospital.

Para cuando escribo esto Kaína está bajo los cuidados de su madre y Enmanuel sigue hospitalizado.

LA BÚSQUEDA: Desde que inició el operativo de búsqueda recibíamos el parte diario entre 7 y 8 de la noche. El Jefe de Bomberos y jefe de la comisión de la GN se paraban frente a nosotros a mostrarnos un mapa, a indicarnos rutas y riachuelos con nombres que jamás me aprendí, pero sobre todo se fajaban a darnos tranquilidad. Paso a paso nos iban tumbando mitos y prejuicios sobre el Ávila; les caíamos a preguntas que hoy me dan hasta un poco de risa: que si las llamadas te indicaban el sitio exacto de las personas, que si los picaba una culebra, si se los comía un tigre, si se comían una planta venenosa, que si habían riscos y caían como un plátano sobre una piedra, que por qué no incorporaban sabuesos, que si 12 rescatistas eran tan poquitos, que si subían voluntarios y pegaban gritos era más rápido… Fueron tan pacientes al escucharnos a cada uno, tan didácticos al explicarnos que los perros también se pueden caer o perseguir una ardilla, que los voluntarios a veces son una carga más que una solución, que subir al Humboldt a pie y por los caminos regulares no es lo mismo que peinar y rastrear, que no hay registros de alguien que haya sido picado por una serpiente venenosa en el Ávila, que el pito es suficientemente fuerte para que se escuchara; (lo probaron y nos dejaron aturdidos) pero sobre todo que debíamos confiar en ellos y mantener la fe.

EL CICPC: La investigación policial se hace cuando, al cruzar las celdas, se dan cuenta que una llamada conectó desde Los Teques y la otra desde El Marqués. Los investigadores son muy maliciosos y siempre piensan lo peor, claro, se trataba además de dos menores y un aviso que puso un familiar con el número de casa trajo lo peor: recibieron una llamada donde aseguraban que tenían a Enmanuel y que si no entregaban lo que pedían “ya sabían lo que iba a pasar”, fue ahí cuando se dio la orden de borrar todos los mensajes con números telefónicos personales para evitar a la red de extorsionadores que pescan este tipo de post. Moraleja: Sólo se da el número de instituciones, como los bomberos y PC.

Ese día la pasamos muy mal porque el Cicpc llegó a donde esperaban los familiares, dieron por hecho de que se trataba de un secuestro y se llevaron a la familia para interrogarla. Al hacer las entrevistas a todos quienes acompañaban a los familiares recibieron una llamada donde aclaraban que sí era posible que esas llamadas hubieran salido desde el Ávila conectando con una antena en Los Teques y otra en el Marqués. La respuesta del CICPC fue mirar a los familiares de arriba abajo y decirles: Ustedes no califican para un secuestro.

EL TESTIMONIO DE PAULA: El día martes, cuando recibíamos el parte, el coronel de los bomberos dijo que nos tenía algo. Y entró Paula, la chica de 22 años que se perdió por 7 días. Cuando la vimos fue inevitable llorar, era una muestra viva de que las personas sí eran encontradas. Realmente fue conmovedor ver a ambas madres abrazar a Paula.
 

Yo le pregunté por qué se perdió y si volvería a subir. La respuesta suena obvia: El desespero en la lluvia fue muy mal consejero. En un minuto ya estaba perdida. Está bajo tratamiento sicológico para decidir si regresa. Su caso ocurrió hace tres meses y aún no se sentía preparada ni si quiera para acercarse al Ávila pero la búsqueda de Enmanuel y Kaína lo adelantó todo y se aplomó ahí para llevar un mensaje de confianza. Ella nunca durmió, nunca tomó agua ni comió. Estaba sola.
 

Me mostró la foto del día que la encontraron y era casi un cadáver. Eso nos hizo a todos reflexionar sobre las condiciones en que estarían los nuestros. Paula estuvo a punto de perder sus riñones, aún se le notan las heridas pero va muy bien. Es evidente el lazo que creó con los bomberos. De allí salimos todos con más esperanza.

EL TUIT DE ROMÁN CAMACHO: Esto marcó un quiebre en los sentimientos de todos. Cuando el periodista Román Camacho asegura que encontraron a los chamos la noche del miércoles 23 la noticia corrió como pólvora, me pareció curioso que los bomberos y rescatistas no hubieran seguido el protocolo de avisarnos. No escribí a nadie y conduje hasta la estación forestal. Nadie sabía de qué hablaba; ni el jefe de bomberos ni el coronel de la Guardia. Ambos me interrogaron para saber de dónde había sacado esa información y me pidieron ver el tuit. La rabia de ambos fue tal que uno de ellos dijo: “en un país serio a ese periodista le quitan la licencia”.

Mientras, trataba de comunicarme con Román, quería saber quién nos estaba engañando pero me colgaba la llamada. Llamé a Ivette y le dije en qué andaba, ya a ella la estaban bombardeando de mensajes de felicitaciones ya venía camino a la estación de bomberos. Recuerdo que me dijo: “Si están ahí tú agarra a esos muchachos hasta que lleguemos”. Se bajó emocionada del carro y le tuve que decir no tenían nada.

Carmen, la mamá de Kaína apareció de inmediato. Me contó que los vecinos le retumbaron la puerta gritándole: ¡Aparecieron, aparecieron! Ella abrió pensando que ahí tenían a Kaína y se le subió la tensión al no verla pero corrió a Pajaritos y le dieron la mala noticia. Lloró hasta más no poder. De repente, esa mujer que hasta hace unas horas veía severa y decidida a reprender a su hija lloraba como si se la hubieran arrebatado. Fue desolador.

Convencí a Ivette de no esperar y nos fuimos a casa. Me dijo: Román no debe ser loco, seguro es verdad y aquí no nos quieren decir. El sueño la venció. A las 6am se levantó y tuvimos que informarle que ya Román Camacho se había desdicho. La cara de Ivette jamás en mi vida la olvidaré.
 

Siento que desde ese día, nadie volvió a ver la situación igual. No juzgo a Román pero, amigos periodistas, sepamos que en estos casos son muy útiles las palabras "habría y presunta"

Para leer la 2da parte de esta historia, haz clic acá

Recomiendo también leer las "Recomendaciones para Excursionistas" acá.

TOMADO DE FACEBOOK

6 comentarios:

  1. Buen testimonio, gracias Jorge por estos aportes!

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  2. Muy buenas noches, no había querido saber de este rescate aunque en alguna que otra oportunidad me toco estar del lado de los rescatistas, siento que la gente toma al Avila como si fuese un juego, incluso a nosotros los que nos contamos con aquellos que hemos combatido incendios, acampado o hecho caminatas de todos los tamaños y distancia, por decir lo menos, sabemos que antes de subir, lo primero es hacer una revisión de ojo a un mapa de la zona o siquiera un mapa de líneas para recordar los detalles que realmente son importantes, el primer detalle es que la cordillera de la costa central va de Oeste a Este o viceversa ese es importante, no salirse del camino, portar un pito que este aderido a algo en el cuerpo o colgando en el cuello, morrales pequeños pero bien preparados, es una estupidez en mi opinión no llevar equipo con agua y alimentos, poncho, brújula, linterna, medicinas personales si las tiene y otro medio de comunicación o baterias o equipo auxiliar de energía, los hay de todos los calibres, este tipo de situaciones se evitan teniendo conciencia de que el Avila no es un juego de niños, a tomar en cuenta...

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    Respuestas
    1. Eso es correcto Alejandro, por eso publiqué las recomendaciones para excursionistas acá: http://bit.ly/Selvatico01

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